Otra décima. David Vegue, apréndetela de memoria. Quiero escucharla de tu boca, una mañana, cuando vayamos juntos a comprar el pan.
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¡Amaos! Es una orden.
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Tengo una banda de rock and pop (la etiqueta es del batería pura inocencia, Rubén Pioli). Tengo una banda de Rollings and Beatles (la etiqueta es del guitarrista metamístico, David Vegue). Tengo una banda de rockmánticos and pupis (la etiqueta es del guitarrista psicólogo del agua, Héctor García Rodicio). Tengo una banda de muerdebirras and mostos (la etiqueta es del bajista cuidador de sonrisas, Paco Reyes). Tengo una banda, digo. Somos 5, como El Equipo A. Nos hacemos llamar Deseo de ser piel roja. Me encanta fragmentar el nombre: Deseo/Deseo de ser/Deseo de ser piel/Deseo de ser piel roja. O lo que es lo mismo, jodorowskianamente: Amor/Amor al espíritu/Amor al cuerpo/Amor a la libertad. Baste esta explicación para desvelar no sólo nuestra apuesta colectiva sino también mi grito personal. Siempre haciendo el indio. Que les den por el culo a los vaqueros. Sobre todo si la tía está buena. Más que el progreso me interesa el regreso. Más que el rascacielos me interesa la nube. Más que el mueble me interesa el árbol. Más que internet me interesa la mirada. Más que el Apocalipsis me interesa el Génesis. Más que la cabeza me interesa el corazón. Más que la prosa me interesa la poesía. Más que el olvido me interesas tú. Gracias por leerme. Garcias por leerte. Me pregunto qué guepardo corre más que tu belleza.
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David Borona - Óscar Vegue
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DESEO DE SER PIEL ROJA: Poeta




POETA



Es poeta, rema contracorriente, silba a las maniquíes, búfalo en la ciudad,
ha pintado de verde pradera los labios de la Estatua de la Libertad,
colecciona nubes y otras cenizas, ha mordido la flor de la virginidad,
ha titulado así su último libro: "4 sílabas: Felicidad".

Y cada día se sube a la higuera
a contemplar el mundo con calma.
Y cada noche sobre la acera
baila un vals con el alma.
Y cada día se baña en el río,
en vinos quema su fortuna.
Y cada noche se ríe del frío
y le hace el amor a la luna.

Es poeta, leñador de semáforos, hijo de nadie, blanco bombín,
guiña siempre frente al espejo, en el hombro tatuado un arenoso delfín,
ha convertido en biblioteca un vagón de tren en mitad del jardín,
reza desnudo al dios de las sábanas, con los pies gusta tocar el violín.

Y cada día se sube a la higuera
a contemplar el mundo con calma.
Y cada noche sobre la acera
baila un vals con el alma.
Y cada día se baña en el río,
en vinos quema su fortuna.
Y cada noche se ríe del frío
y le hace el amor a la luna.

Es poeta, muerde la manzana, multiplica los panes y los peces por diez,
jaque mate a la melancolía, con los ojos vendados vence al ajedrez,
no posee motocicleta ni coche, acostumbra a viajar en cáscara de nuez,
ha liberado de la jaula al jaguar, eterno joven dice ¡no! a la vejez.

Y cada día se sube a la higuera
a contemplar el mundo con calma.
Y cada noche sobre la acera
baila un vals con el alma.
Y cada día se baña en el río,
en vinos quema su fortuna.
Y cada noche se ríe del frío
y le hace el amor a la luna.